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viernes, 31 de mayo de 2013

ESCORPIO...


ESCORPIO, O CUANDO LA TRANSFORMACION NO PUEDE SER A MEDIAS…


El autor, Oskar Adler, en el texto se pierde por momentos en circunloquios como estrategia para no decir directamente lo que está diciendo, forma de endulzar apenas un poco su tema.
Pero yo, humilde servidor del autor, quitaré de su expresión todo tipo de eufemismos, clarificando la cruda realidad que disimula pero expresa.
Se caracteriza el Hombre de Escorpio por su capacidad en acopiar y apropiarse de las fuerzas psíquicas de quienes le rodean, hasta el extremo de llegar a “brindarlas” como suyas a los mismos seres que se las quitó en el momento justo donde éstos, necesitados de protección e inferiores a él, deben rendir homenaje a su bondad.
A modo de describir sintética y exteriormente sus relaciones con la gente del medio en que actúa, lo encontramos rodeado las más de las veces por grupos de personas que, como hechizadas por un encanto secreto, llegan hasta él para dispensarle el alimento psíquico –dejarse expropiar psíquicamente como si fuesen esas personas favorecidas por tal dispensa, en lugar de ser lo que verdaderamente son: dispensadores.
Otro arácnido, la araña, perteneciente al mismo género que el escorpión, teje pacientemente su red, que lejos de abandonarla para “salir de caza”, se queda a esperar a “sus dispensadores”. Atraídas de pronto por algo que ni ellas aciertan a explicarse, las moscas quedan enredadas en esta red, y la araña se limita entonces a acercarse y succionarlas.
La tela araña también sirve como lecho de sexo reproducción y muerte. Cuando la araña macho se ha acercado lo suficiente a la araña hembra, paciente e inmóvil como cabría esperar sobre su propia red, -atraído hacia ella por el obvio impulso original- ésta, luego del acto “nupcial”, mata a aquel y lo succiona. Muy pocas veces logra la araña macho salir ilesa de la “aventura”.
El Hombre de Escorpio se vende como súbdito de sus vínculos-alimentos, emitiendo el mensaje “su deseo es para mí como una orden”. Amante que satisface los deseos inexpresados de su compañera, servil y eficiente empleado de su jefe, amigo gracioso y condescendiente. Lisonjear, adular, engatusar, elogiar, loar, alabar, y hasta festejar-la-estupidez ajena cuando precisamente es de algo de lo ajeno que se quiere apropiar.
De esta herramienta tan peligrosa como eficaz, una vez reconocida, y la manera en que sea utilizada diferenciará al tipo altamente evolucionado del tipo poco evolucionado de Escorpio.
El tipo inferior de Escorpio se presenta con claros rasgos femeninos, mientas que el superior comienza a desarrollar claros rasgos masculinos. Independientemente de que la persona sea varón o mujer.
Es así que el arquetipo presente aquí, tanto en el varón como el de la mujer, será el de la “mujer demoníaca”, en medio de su corte de almas “esclavas” yacerá el tipo inferior de Escorpio entronizado. Servirle es algo así como una distinción especial que terminará impulsando al Hombre de Escorpio a “imponerse”, creyendo indudablemente en su poderío y distinción.
Se constituye como meta única el aumento del propio sentimiento de poderío, aunque no sea propia y concretamente una meta.
En cuanto obtiene un determinado poder, desaparece el interés que llevó a conquistarlo, y la atención se vuelve ávida a otro objetivo, aún no conquistado. Es así que sucede que de este comportamiento se originen síntomas de tipo obsesivo, los cuales, en principio, aparecen en la esfera del juego erótico, y representan exactamente lo contrario a Tauro, es decir: infidelidad, impiedad, ingratitud o –expresándolo en forma general- falta de memoria moral.
Absorbido profundamente en la consecución del poder personal, no asumirá ninguna responsabilidad que no le garantice un avance en sus propósitos. Es decir: no hará nada por nadie de forma sostenida y desinteresada por mucho tiempo.
Pero claro, no siempre se consiguen los propósitos auto-impuestos de poderío y distinción. Y allí donde no se produzca el “éxito” ansiado como fenómenos compensatorios frecuentemente aparece: la conversión de fracasos en “éxitos” (megalomanía); el afán de hacer aparecer como importantes, ante sí mismo y ante los demás, éxitos que en realidad son insignificantes (autoimportancia personal); omitir completamente los propios errores e incapacidades, mientras defenestra a otros compañeros con que realiza las mismas tareas (negación).
Todos y cada uno de ellos con la pizca infaltable de la Glorificación.
La utilización intensa y constante de las energías psíquicas de los demás va pudriendo lenta y constante la esencia del Hombre de Escorpio debilitándolo más y más en sus fuerzas, aspectos que lamentablemente aparecen casi al final de la vida, momento donde ya ni vale la pena –sin contar que es casi imposible- realizar los ajustes internos necesarios para repolarizarse. Sus poderes magnéticos se acaban y es abandonado cuando más necesita de los demás.
(¿Cómo saber cuando el Hombre Escorpiano está utilizando de forma desmedida energías psíquicas ajenas? Cuando muestra una gran falta de energía o apatía en: formar sus propias ideas, realizar una teoría personal de lo que aprende en la vida, pensar, elaborar y resolver por sí mismo la solución de problemas que exigen creatividad. Cuando no puede justificar claramente sus acciones. Cuando su pensamiento es un reciclaje de los pensamientos de su entorno, cuales sabe aplicar incluso a veces mejor que su entorno, y cuales hasta sabe utilizar eficientemente en algunos momentos incluso contra su entorno.)
Seguimos con lo nuestro. No se trata de alimentar la propia alma con las fuerzas nutricias que se sustraen a los demás, sino de emplear las fuerzas psíquicas acrecentadas e interiormente transformadas de manera que les sea ya imposible inferir heridas, sino, al contrario, restañar heridas.
Y es así que las fuerzas de sugestión que antes no servían más que a fines egoístas se despojan de tal egoísmo y se ponen al servicio del amor redentor, desinteresado. Y con esto se muestra ante nosotros la función esencial del Hombre de Escorpio altamente evolucionado –en principio, como “médico”, en el más amplio sentido de la palabra-, del hombre del cual emanan fuerzas curativas.
Pero para ello es preciso realizar una profunda y sostenida auto transformación personal. Transformarse es realizar la destrucción de muchos juicios y fijaciones y obsesiones y deseos internos, los cuales siempre son absolutamente egoístas. Irónicamente el tipo inferior de Escorpio le es más costosa esta tarea. Sabe que transformarse será exponerse, saberse desprotegido, y esto le produce terror, y este terror le llevará a la auto conmiseración que atraerá nuevas personas-alimento en su vida para volver a repetir el ciclo antes descrito.
Muchas veces el tipo inferior de Escorpio está a punto de cambiar, de repolarizarse, pero ante su miedo sufre y en su sufrir atrae siempre justamente lo que necesita para no cambiar.
Así como de los órganos sexuales parten fuerzas que regeneran siempre al cuerpo físico, es deber del Hombre de Escorpio altamente evolucionado constituirse en un portador de regeneración para la humanidad y para sus semejantes. Constituirse en sentido amplio en exactamente lo opuesto al Hombre inferior de Escorpio.
Examinando los símbolos del planeta Marte y del signo de Escorpio, vemos que en ambas figuras hay una especie de punta de flecha, que, en el caso de Escorpio, nos recuerda, acaso, el “gancho” del escorpión, y en el caso de Marte, nos hace pensar en la “flecha” como instrumento “marcial”, esto es, “de guerra”. Pero del mismo modo en que el “gancho” del escorpión puede convertirse, en manos del médico, en la aguja de inyecciones, en la vía de inoculación del suero terapéutico, la flecha de Marte puede también llegar a ser, en el sentido del Escorpio elevado, el símbolo de una muerte voluntariamente asumida, impuesta a la vida de las bajas pasiones, que debe morir en nosotros, para renacer como amor superior, desinteresado, más allá de los sentidos, “curativo”.