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jueves, 31 de marzo de 2011

SOL Y LUNA EN ARIES...


Equivale a la conjunción del Sol y la Luna en la primera casa del horóscopo, y actúa de la misma forma con respecto al carácter.
Este posición del Sol y de la Luna acentúa la conciencia del cerebro, otorgando gran actividad de pensamiento y rapidez de percepción, con fuertes inclinaciones a la excitación, dotando a los nacidos bajo esta combinación, de un intenso anhelo por estar al frente de todas las cosas y de ser pioneros intelectuales.
Esta posición, en efecto, da energía y vitalidad en abundancia, favoreciendo así la salud y larga vida.
Exhibe maestría, independencia y confianza en si mismo, formando una personalidad fuerte y original que sin lugar a dudas habrá de llamar la atención en su esfera de vida, y probablemente llegue a ser muy sobresaliente.

Con un horóscopo bueno, el nativo triunfa en el mundo.
Tiene aptitud para cargos de autoridad y responsabilidad, cargos que por lo general le parecerán naturales. En algunos casos es de disposición y modales militares, dominadores, irritables, intolerantes frente a la oposición o las contradicciones, duros e inflexibles.
Si recibe la influencia suavizante de Venus o Júpiter quizás desaparezcan las fases más desagradables de esta combinación; de lo contrario, será un tirano o un rebelde.
En algún periodo de su vida hay peligro para la cabeza, el cerebro o el sistema nervioso.
En este caso el Sol será mas fuerte que la Luna, siendo el signo Aries de la naturaleza de fuego, mientras que la Luna participa más de la naturaleza de agua.
El exceso de trabajo, la preocupación, la intensa excitación y el exceso de actividad (mental o física) tienden a producir enfermedades del cerebro, y si persisten, finalmente originan trastornos mentales.
Esta combinación aumenta el amor propio e introduce cambios en la vida debidos al exceso de independencia, surgiendo muchos problemas por actos impulsivos y una conducta demasiado brusca.
Esta persona necesita la influencia moderadora de Saturno, porque de lo contrario puede ser esclava de sus impulsos.
Hay tendencia a vivir demasiado en la mente, a hacer que el intelecto se destaque demasiado y, además, corre el peligro de centrarse demasiado en si mismo o de volverse orgulloso.